Resacas post-viaje
14 dic 2009 4 comentarios
in easy riders, pensamientos, reflexiones, viajar, Vietnam
Dicen que a veces nos damos cuenta de las cosas demasiado tarde. Pero también dicen que nunca es tarde si la dicha es buena.
Los viajes son uno de esos fenómenos que revuelven nuestro interior. Que nos hacen pensar, meditar. Que nos abren los ojos. Que agrandan nuestros corazones. Compartir un viaje con personas que no conocemos es una experiencia arriesgada pero también enriquecedora. Nos obliga a compartir, a escuchar, a ceder. Y si prestamos algo de atención a nuestro entorno, si abrimos nuestros oídos, estaremos seguros de poder empaparnos de la esencia de otros y ver más allá de lo que la vista alcanza con una simple mirada.
No siempre es sencillo compartir. A veces lo más fácil es criticar sin ponernos en la piel del otro. Hablar por hablar, dejarnos llevar por primeras impresiones que a veces cuentan mucho, y a veces nos cuentan todo al revés. Es importante mantener nuestra mente abierta, ser tolerantes y comprensivos. Dejar de hablar por unos instantes para permitir que los demás se abran a nosotros, poder aprender de nuestro entorno.
Muchas veces uno comienza un viaje lleno de adrenalina mezclada con mucho estrés, acumulado por los meses de trabajo. A medida que el viaje transcurre se va olvidando el día a día y uno comienza a relajarse. A veces, no es hasta que llegamos a casa que nos damos cuenta de lo que hemos disfrutado. El ritmo vertiginoso del viaje es a veces peligroso porque puede nublarnos los sentidos. A veces es ese mismo ritmo el que nos hace entrar en un estado de trance total donde sale el verdadero yo de cada uno, para bien o para mal. Y una vez que el viaje acaba, nos damos cuenta de que se acabó, que ya no hay marcha atrás. Que los momentos que vivimos no volverán y a veces nos arrepentimos de no haber hecho o dicho determinadas cosas, cosas que regresan con nosotros a casa y que hubiéramos deseado se hubieran quedado allí.
Pero para eso son los viajes. Medios de aprendizaje, abridores de mente, puertas abiertas a nuestro interior. Cada viaje es una experiencia. Con cada aventura aprendemos a ser mejores personas, y compartimos momentos especiales con personas maravillosas.
Yo cada vez que regreso de un viaje tan intenso me bloqueo. Es tanta la energía que pongo, tanto el entusiasmo en que todo salga bien, que me cuesta desprenderme después de tanta intensidad, volver a coger el ritmo lento de los arrozales. La resaca post-viaje aumenta cuando llega el momento de volcar las fotos al ordenador, de revivir una y otra vez infinidad de momentos que perduran por duplicado en el tiempo y en el espacio… Pero que también nos ayudan a valorar más objetivamente los momentos que vivimos y que a veces no nos da tiempo de procesar por la velocidad del viaje.

Equipo hispano vietnamita de Noviembre al completo. Gracias a todos por las risas y los buenos momentos!
I love Bali
09 dic 2009 4 comentarios
Qué contenta estoy de estar de vuelta en mis arrozales. De nuevo, y a pesar de mis ganas de escribir – que me duraron poco – ha sido imposible asentar el trasero en un ordenador tranquilo con el tiempo suficiente como para parir un post. Así que este blog ha vuelto a estar 3 semanitas en el dique seco a falta de tiempo e inspiración.
Este viaje a Vietnam ha sido muy diferente al anterior, pero eso yo ya lo sabía. Como siempre, la ruta motera se llevó el premio a los días mas inolvidables del viaje, y es que los chicos de los Easy Riders siempre están ahí para cuidar de los viajeros, y parecen estar cogiendo el gustillo a esto de los grupetes españoles. Cualquier día me sorprenden bailándose unas rumbas… aunque creo que será harto difícil porque los pobres poner, le ponen muchas ganas… pero son arrítmicos totales. Aunque hagan un intensivo. Aunque vayan a España a aprender. Da igual. La coordinación corporal no es lo suyo. Menos mal que alguno, al menos, canta bien.
El viaje ha sido duro, sobre todo al principio. En el grupo había gente diferente con prioridades diferentes. Si hay algo que les pediría a todos en general es que en el futuro, escuchen más. Yo también he aprendido mis cositas, por supuesto, siempre lo hago. Al final, hubo lágrimas varias en el aeropuerto de Hanoi y es que me dio mucha pena dejarles. A pesar del caos de algún día hubo mucha risa, muchas canciones y algún que otro bailoteo. Yo sufrí viendo tensiones que poco a poco apaciguaron – a veces el papel de la chica de en medio es difícil y más cuando buscas unidad – pero disfruté cada momento, dejando que las piezas fueran encajando. En los últimos días del viaje solté tensiones y decidí que también era momento de disfrutar para mí, a veces me tomo mi papel demasiado en serio y me olvido de que allí soy una más, otro compañero de viaje que trata de divertirse y disfrutar junto a los demás. Creo que lo acabamos haciendo todos, cada uno a su manera. Para mí ha sido otro viaje inolvidable.
Vietnam no deja de sorprender y yo, pensando que lo odiaría de por vida, cada día le voy cogiendo mas cariño.
Hizo un frío que pelaba en el Norte y no, yo no estaba preparada. Así que como souvenir de esas maravillosas tierras me he traido una gripe, que espero sea sólo la común, y aquí estoy, con un calor insoportable en mi lindo Ubud, con dos edredones encima, kleenex en mano y spidifen al lado, a la espera de que llegue Pep.
Y que me quiten lo bailao, no?
Volando voy, de nuevo
17 nov 2009 Dejar un comentario
in viajar, vida diaria, Vietnam
35.000 pies de altura, cruzando el mar en algun lugar del sudeste asiático. Sigue sin gustarme esto de volar y menos sola, sin nadie a quien clavarle las uñas durante las turbulencias que parecen ocurrir siempre cuando vuelo yo.
Hoy he decidido bajar la ventana -no para asomarme fuera, no- si no para todo lo contrario, no ver nada (debería decir “cerrar” en vez de “bajar” entonces?). El caso es que me he enchufado la musica a los oídos a todo volumen y he cerrado los ojos, o mejor dicho los he apretado con todas mis fuerzas. Asi me da la sensación de que el avión se mueve menos, aunque es pura ilusión. Y si en algun momento nos caemos, pues mira, no me entero de nada hasta que hagamos chof! o bien hasta que los demás pasajeros se pongan a gritar en un ataque de historia colectiva, momento en el cual yo me convertiré en uno de ellos y a mí se me oirá más que a nadie, al menos mientras no me desmaye del ataque de ansiedad, si es que uno se puede desmayar de eso.
Aún me quedan dos horas de vuelo y por aquí arriba va anocheciendo, así que en breve tendremos oscuridad completa por lo que espero que al piloto no se le fundan las largas y sepa donde nos tenemos que caer, en caida controlada claro.
Ahora bien, si en estos momentos estás leyendo este post, va a resultar que caímos bien y todo, que a continuación me cogí un taxi a la ciudad, y que aparecí en algun hotelucho de la zona de Phan Ngu Lao, la zona de los que arrastran mochilas y aventuras tras de sí.
Seguramente para cuando alquien lea esto, yo ya habré hecho mi desayuno-ritual de bienvenida (un desayuno de esos largos y completos que parecen no acabar nunca), y en estos momentos ande camara en mano por las calurosas calles de la ciudad.
Mañana vienen mis 7 compis, a ver si esta vez saco mas tiempo para escribir nuestras aventuras. Mientras tanto, cuídenseme mucho!
Me vuelvo a ir…
10 oct 2009 2 comentarios
in asia, viajar, Vietnam Etiquetas: Viaje a Vietnam

Todavía no he acabado de contar como terminó el viaje de Vietnam de Agosto cuando ya estoy preparando el siguiente. Ayer me llegaron los comentarios y tests de opinión sobre el viaje que la agencia hace siempre a los viajeros a la vuelta, y no podía estar más contenta…porque hay algo que supere el 100% ?? Así que ya me está entrando la vena viajera de nuevo si es que alguna vez se fue…y el 17 de Noviembre volveré a recibir a un nuevo grupo en el viejo Saigón con el que comenzaré una nueva aventura. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y en este caso es ya la tercera (sin contar el primer viaje con Pep – que harían cuatro)…de momento cada una ha ido superando a la anterior y aunque será difícil, por aquí ya sabemos que NADA es imposible.
Aprovecho para contar que todavía quedan plazas…así que si hay alguien que no tenga nada que hacer del 17 Nov al 8 de Dic, quiere conocer Vietnam de una manera alternativa, vivir experiencias inolvidables, morirse o casi de la risa, y compartir unos días con gente que no conoce de nada pero de la que luego le costará desprenderse, que me lo diga y le hago un hueco. Si mis artes persuasorias funcionan, el viaje llevará incluido otra de esas apasionantes rutas en moto con los Easy Riders. Que luego nadie diga que no he avisado.
Vietnam Reloaded – Parte III (Easy Riders)
08 oct 2009 3 comentarios
in asia, viajar, Vietnam Etiquetas: Easy Riders Vietnam

Me había quedado por el Mekong cuando nos sorprendió la ola de terremotos por Indonesia (que dramático queda eh?). La segunda parte del viaje, la que hicimos en moto por las tierras altas centrales, queda major descrita en imágenes que en palabras. Y como a veces peco de mucho texto y poca foto, aquí abajo va un enlace a un buen surtido que he colgado en la web (aunque a mí no se me vea porque estoy detrás de la cámara).
5 días de inagotables risas, de sensación de libertad absoluta, de buena comida y de un par de karaokes. El primer día nadie quería cantar en el minibus de camino al Mekong. El último día había peleas por los micrófonos, ya fueran las letras en español, inglés o vietnamita.
Que las disfruteis…y si alguien cae por aquí de casualidad buscando un viaje con los Easy Riders de Dalat, que me mande un mail o deje un post y le cuento. Es algo que no debería faltar nunca en un viaje a Vietnam:
IR A GALERIA EASY RIDERS VIETNAM
Aquí abajo, algunas de las maravillas de las tierras altas centrales (no yo jaja si no los paisajes
)



Vietnam Reloaded – Parte II (El Mekong)
16 sep 2009 2 comentarios
in asia, reflexiones, viajar, Vietnam
A veces la gente que me voy encontrando por el camino me pregunta sobre qué escribo y aún no he conseguido dar con la respuesta adecuada. Pero sí sé cuales son los momentos que me inspiran y a veces son los mismos…pero otras veces no.
Pueden pasar los días y uno parecerse al otro. Tanto, que pasan desapercibidos. A veces incluso pierdo la noción del tiempo, pasan los días y no recuerdo si es lunes o miércoles, o si es día 15 o ya es 18. En esos momentos en los que me pierdo, es justamente cuando mis manos cobran vida y mi cabeza se activa. Sin embargo reconozco que no es la cabeza la principal motivadora de mis sueños. Son los momentos en los que el corazón cobra vida en los que la inspiración se cuela por la ventana y me despierta.
No tengo un motivo de inspiración sino muchos, pero todos ellos parecen provenir de un mismo sitio. Las cosas que te mueven, que te despiertan, que te hacen sentirte vivo no son necesariamente las que lo hacían hace 10 años, pero la sensación que provocan es mucho mejor. Más sanos, más calmados, más profundos.
Enfrentarme a 10 personas que no conozco me hubiera dado auténtico pánico hace algún tiempo, y reconozco que aún antes de comenzar el viaje, la sensación estaba ahí. Tanto, que cuando escuché la propuesta me bloqueé y me encerré en mi misma negando la posibilidad. Conductas que han estado acompañándote toda la vida no se eliminan. Somos como somos. Pero sí se puede intentar apartarlas, dejarlas aparcadas en algún lugar donde no molesten, donde no interfieran con nuestro yo, el verdadero, ese que tantos años y tantos golpes nos lleva volver a descubrir y con el que nos reconciliamos en algún momento del camino.
El temblor en la voz de repente desaparece y deja paso a una sonrisa. A unos brazos abiertos, a un corazón con ganas de seguir experimentando y sintiendo los bellos momentos que la vida nos ofrece, y que muchas veces, por llevar nuestros mecanismos cerrados, bloqueados por el incesante vaivén de nuestra vida, no llegamos a reconocer. Entonces es importante parar, reflexionar, meditar, escuchar. Y lanzarnos al abismo sin saber lo que nos espera porque al fin y al cabo son esas pequeñas o grandes sorpresas las que nos llenan de vida y cargan nuestros pilas, esas pilas que nos mueven a luchar por las cosas que queremos e iluminan nuestros rostros de felicidad.
Pusimos rumbo al Mekong en un minibus muy mini, nos habían prometido 16 plazas y en realidad las había, pero en formato vietnamita. Si lo aplicamos al español medio de a pié, las plazas se quedaban en exactamente 11. Justo las que necesitábamos. Afortunadamente dejamos la mochila grande al cuidado de nuestro amable anfitrión en el hotel, prometiéndole que volveríamos a pasar la noche en el mismo sitio. Allí no cabía ni una mosca.
Salir de Saigón fue una liberación, aunque costó algo más de una hora dejar atrás el bullicio, el tráfico, el humo y el polvo. Los días en el Mekong suelen ser de color marrón, quizás teñidos por el reflejo de los meandros del río más largo de Asia, siempre teñidos de café con leche espeso.
El día continúa su marcha, subimos y bajamos del autobús, visitamos pequeñas fábricas familiares y vemos una y mil maneras de aprovechar hasta las migajas del arroz para darle múltiples usos. Todos aún recuperándose del largo viaje y aún con reservas, nos observándonos unos a otros intentando aclimatarnos al ritmo y la cadencia de un Vietnam que poco a poco va resurgiendo de sus cenizas.
El primer contacto con la comida es muy positivo, y es que es muy difícil encontrar algo que no nos guste dada la variedad de la gastronomía vietnamita. Se les ve aguerridos, animados, con ganas de probarlo todo y curiosos por lo que vendrá después. Me observan como interactúo con los locales, esa especie de camaradería que uno crea con los desconocidos, esa que aumenta cuanto más nos abrimos al mundo y nos mezclamos con él. Esa que permite quejarte de las cosas que no te gustan con una sonrisa de oreja a oreja y que hace que consigas sin mayor esfuerzo lo que quieres. Nos hacemos bromas, nos hablamos sin entendernos, nos sonreímos, me camuflo entre ellos cual camaleón y si no fuera por mis rasgos, hasta podría pasar por uno de ellos en determinados momentos. Esa es la mejor sensación que uno puede experimentar en un viaje, que la gente local te trate como uno más y te haga parte de ellos.
Eso acerca al grupo al país, les anima a acercarse a sus gentes, el miedo al contacto con un mundo tan desconocido se va perdiendo y se aprende lo importante de una sonrisa en el momento adecuado, de una mirada de complicidad. Respetuoso pero seguro de ti mismo, sin perder los papeles nunca pero dejando tu huella, haciéndoles saber con una sonrisa que no eres un turista más en un viaje organizado, sino un viajero curtido a base de esos pequeños momentos como el vives ahora.
Cae la noche y con ella un incesante chaparrón que nos sorprende navegando en una pequeña barca por el río en Can Tho, de camino a la casa donde pasaremos la noche. Llegamos empapados y riéndonos a una casita familiar donde esa noche nosotros somos los invitamos. La familia nos presta sus camas – varios colchones repartidos por el suelo – y éstos pasan a organizarse un pequeño camping en la puerta cubiertos apenas por una mantita y una mosquitera. Simple life.
Es la hora de la cerveza, y el grupo se va animando. Llevamos solamente unas horas juntos pero algunos personajes ya dejan entrever quién es quién en este viaje. Hacemos unas risas antes de que al que se convertirá oficialmente en el chistoso del grupo le entra la urgencia de llamar por teléfono a la agencia con la que han contratado el viaje. Busca el número de teléfono de emergencia 24 horas, ese que sólo debe usarse en “en caso de”. Calcula la hora que debe ser en Madrid en ese momento, reflexiona sobre el día que es – un sábado cualquiera en pleno Agosto – y marca el número en su móvil. Activa el manos libres y deja el aparato encima de la mesa, ahora dando línea. Se ven caras de sorpresa entre los presentes, alguno incluso se sonroja de vergüenza cuando alguien contesta al otro lado:
Alejandro (Madrid): Si? Diga?
Jose (Vietnam): Mira, que te llamo del grupo de Vietnam.
Alejandro (Madrid): Sí….Si? Sí! Que ha ocurrido?
Jose (Vietnam): Nada, mira…que te llamo pa decirte que estamos aquí todos juntos tomándonos unas cervecitas y pasándolo de puta madre.



Vietnam Reloaded – parte I
14 sep 2009 1 comentario
Llegó el grupo y venían tan cansados que cuando les senté en una cafetería en medio del bullicioso Saigón y les comenté mi plan de viaje para los próximos 20 días les dio igual ocho que ochenta. Vamos, que nadie objetó nada y a todo el mundo le pareció más que genial, por lo que pensé: Bien, aquí está el secreto del éxito, les suelto todo el rollo ahora, me dicen que sí a todo, y nos evitamos discusiones para el resto del viaje.
Yo, entre que estaba un pelín cortada con esos 20 ojos medio dormidos mirándome, y que ya no sé cuánto tiempo hacía que no tenía una conversación en mi propio idioma, articulaba mis frases a pedazos, atascándome cada dos por tres. Al final del viaje alguno me comentó que por mi manera de hablar el primer día se notaba que no vivía en España. Lo cual es clara indicación de que debo visitar mi propio pais más a menudo porque que no sepa hablar el castellano como dios manda no es de recibo. Menos mal que para escribir tengo más tiempo de reacción y puedo pensar entre frase y frase…
Para animar la velada nos pedimos una ronda de cervecitas, que es lo que hace la gente cuando tiene calor, es veranito, y está de vacaciones, sea la hora que sea. En nuestro caso eran las 12 de la mañana, o las 7 de la mañana en España, cualquiera alguna vez en su vida se ha tomado una cervecita a intempestivas horas no? Yo me ajusté automáticamente el modo “en vacaciones”, ya que caí en la cuenta que llevaba 16 años sin vacaciones en Agosto y que éstos días, aunque fueran trabajo, me los iba a tomar como si no lo fueran.
La cervecita empeora mi discurso que ahora aparte de atascarse se traba. Recuerdo que con los nervios de madrugar e ir a recoger al grupo al aeropuerto no he desayunado. También empiezo a tener consciencia de no recordar cuando fue la última vez que me había tomado una. Navidades? A mi ya nublado discurso se apunta una risa tonta, tan tonta que no puedo parar de reírme y acabo contagiando al resto. Ahora estamos todos riéndonos. Aprovecho que el escenario y el decorado están montados para echar el último trago y llevarme a los protagonistas a dar una vuelta en cyclo por el loco Saigón. Que empiece la peli!
Vietnam Reloaded – o el relato de mi (pen)último viaje
11 sep 2009 2 comentarios
Esperaba haber relatado casi en tiempo real mi experiencia vietnamita pero como ya he contado, ha sido todo tan intenso que hasta dormir más de 5 horas seguidas se convirtió en toda una utopia. Así que días después, una vez aterrizada, asentadita en mis arrozales y habiendo visto las más de 1.500 fotos más de 10 veces, lo que suma la interesante cifra de 10.500 (siempre se me dieron bien las mates…), me dispongo a relatar a mi fiel público lo que ocurrió en esos inspiradores 20 días donde conviví con 10 extraños pero encantadores seres que me hicieron sonreir primero, reirme a carcajadas después, quererles un montón a medida que avanzaba el viaje, y finalmente desear que se fueran todos a su casa para poder dormir esas 8 horitas que tan sanamente recomiendan los expertos.
Para hacer boca y poneros en situación, una foto de la intrépida reportera surcando, supongo, algún delta del Mekong.

Aterrizando en el viejo Saigón
05 ago 2009 2 comentarios
in asia, viajar Etiquetas: Vietnam
Pues aquí estoy, quien me lo iba a haber dicho. Por nada del mundo me hubiera imaginado que algún día volvería a este país. No porque no sea bonito sino porque no está en mi lista personal de países que me gustaría volver a visitar.
Pero el destino tiene estas cosas, y las cosas pasan cuando menos te las esperas. Ni siquiera me creo que esté aquí todavía y por momentos siento esa sensación de no haberme ido. En seguida vuelvo a la realidad y, a pesar de afrontar estas 3 semanas con mucha alegría y curiosidad, estoy contenta de no vivir aquí.
Saigón (o Ho Chi Minh) sigue siendo la misma, sólo que un poco mas grande, mas sucia, mas caótica. Vuelvo a reencontrarme con calles anchas con cientos de motos yendo en todas las direcciones hacéndose un hueco, si es que queda alguno, entre el resto de automóviles. Una nube de polvo envuelve una ciudad en pleno progreso, en plenas obras aceleradas, hambrientas de tiempos mejores una vez que la guerra va quedando como un mal recuerdo en sus gentes.
Vietnam está olvidaando y esos se nota en la calle. La gente sonríe, todo el mundo me parece mas simpático que hace tres años. Al menos de momento
En transito (y por tanto, sin acentos)
27 jul 2009 3 comentarios
in asia, reflexiones, viajar, vida diaria
Amanezco en Bangkok. Saliendo de los verdes arrozales de Ubud la ciudad se me antoja espantosa, aunque no creo recordarla bonita en ninguna de las veces en las que he pasado por aqui. Las autopistas y las vias del Skytrain son mazacotes de cemento gris que se encajan como si de un puzzle se tratara entre aceras de edificios del mismo color. La ciudad se mueve deprisa pero a un ritmo inferior al de Singapur, y es una mezcla aun mas heterogenea de pesonajes en constante movimiento.
El cielo de Bangok es de un color gris casi constante, solo perturbado por algun rayito de sol que se cuela timido entre las nubes para recordarnos que la humedad pegajosa y el calor provienen de algun sitio, alli en lo alto. Las calles son un continuo hervidero de gente y de puestos de comida que invitan a llenar tu estomago constantemente, y a rellenarlo con dulces de colores imposibles a los que no puedes decir que no. Bangkok huele a sexo, a hombres decrepitos buscando rejuvenecer su espiritu, a ninyas desesperadas por encontrar un hombre que las saque, aunque sea por unas horas, de su triste miseria, de mujeres que son hombres y que lo disimulan tan bien, que uno no se da cuenta hasta el inevitable momento. Y entre tanto mercadeo de sexo y perversion, se mezclan familias enteras de todas las nacionalidades en busca del chollo imposible, posiblemente en transito hacia un nuevo destino.
Y aqui estoy yo entre toda esta multitud de gente. Otro personaje mas en transito. Pensando que los viajes se habian acabado y sin querer, me veo poniendo de nuevo rumbo a Vietnam por tercera vez. La agencia de Madrid con la que colabore en 2006 me propone un viaje con 10 personas de Sur a Norte en Agosto. Pasado el panico inicial (oh cielos! otra vez Vietnam???), respiro hondo, doy vueltas sobre mi misma nerviosa buscando mi mochila, me la cuelgo al hombro y pongo rumbo al pais de los arrozales, de las sonrisas, de los platos de fideos y de los millones de motos. Seremos once, un peculiar “Gran hermano” del que sere conductora durante 20 dias y del que dare buena cuenta aqui…Por si alguien pensaba que me habia acomodado en mis arrozales y ya no quedaban mas historias que contar…
Volando voy…
10 jun 2009 2 comentarios
in viajar
Siempre me afectan de manera especial los accidentes de avión, me conmueven mucho y me ponen muy triste. Supongo que por deformación profesional. Y cuantos mas accidentes veo o escucho, y más tiempo pasa desde que dejé de trabajar en un aeropuerto, más miedo me dan.
Pues sí, lo confieso…
Después de años trabajando con aviones, sabiendo muy bien como funcionan y por qué vuelan, haciendo instrucciones de carga para los mozos de rampa, haciendo cálculos de pesos para los comandantes, dirigiendo la puesta en marcha de motores, metiéndome en las bodegas, debajo de los aviones con los motores encendidos a toda potencia, recibiendo decenas de cursos, impartiendo otros tantos, observando aterrizar y despegar tropecientos de ellos…tengo que decir que las paso CANUTAS cada vez que me monto en un avión.
Recuerdo los tiempos en los que volaba alegremente de un lado a otro en los que no sacaba la cabeza por la ventana porque no podía, cuando me hacía tanta ilusión volar en cabina y ver todos los procedimientos, cuando en medio del vuelo los pilotos que amablemente me habían hecho un hueco con ellos se giraban para atrás para hablar conmigo y explicarme cosas y el avión, ale, allí solito, sin nadie mirando si venía alguien de frente…
A día de hoy, me tengo que sentar en el pasillo porque la ventana me da vértigo, como haya turbulencias si voy con Pep le dejo las uñas marcadas en el brazo y si voy sóla, me pongo a tararear o a silbar intentando quitarme la presión de encima, las manos me sudan, cualquier ruidito me pone de los nervios (y eso que normalmente sé a que se debe). También tiendo a despotricar contra los pilotos si veo que el avión va muy alto o muy bajo, o hace un giro inesperado (y que demonios sabré yo!!!), o si veo que se va a quedar corto de pista o se va a pasar (de nuevo, que demonios sabre yo, sentadita en mi asiento…)
Cuando emprendimos el viaje, allá por el 2006, volamos con unos billetes free que la compañía me había dado. Tal fue nuestro empeño en volar que nos admitieron en el vuelo pero nos tocó ir de pié, porque iba lleno. Así que a ratos le robábamos el asiento a una azafata cuando se despistaba, otros íbamos de pie apoyados en la pared del baño, y otros hechos una madeja en el suelo. Doce horas de vuelo de Frankfurt a Colombo, Sri Lanka. Más feliz que una perdiz.
Yo no sé lo que ha pasado desde aquel vuelo hasta el día de hoy, pero en este link que os dejo aquí abajo, vereis uno de los motivos que contribuyeron a mi psicosis aérea. Es uno de nuestros “wild trips”, a pesar de todo uno de los vuelos más tranquilos y más seguros al aterrizaje al ser un aeropuerto internacional con una pista enorme. El peor de todos, que fue el primero, no lo pudimos grabar por lo acojonaditos que íbamos (sobre todo yo). Había leido en las guías que los vuelos entre islas en Fiji eran impresionantes, por las panorámicas de aguas turquesas y formaciones coralinas. Una mierda. Yo no me acuerdo haber visto nada. Todavía recuerdo a Pep asomando la cabeza entre los dos pilotos mientras intentábamos aterrizar con el avión con los motores a full y dando bandazos a un lado a otro y diciendo: Cariñoooo! No hay pistaaaa! No hay pistaaaa! No veo la pistaaaa! Nos vamos a estrellaaaaaaar!! Y PUM, aterrizamos…en un pedacito de camino asfaltado a 50 metros de la orilla del mar y rodeados de palmeras…Pabersematao…
Quedaros con cómo van pegando las cadenas en la puerta, los bandazos de izquierda a derecha, y el impacto del aterrizaje. Y mi carita no tiene desperdicio:
ATERRIZANDO EN NADI INTL AIRPORT, FIJI, PACIFICO
Mi inconsciente colectivo
15 may 2009 2 comentarios
in pensamientos, reflexiones, viajar
Me encanta leer pero reconozco que soy muy mala lectora. Más que lectora me siento escaneadora, porque me fulmino las páginas de los libros de izquierda a derecha y de arriba abajo en cuestión de segundos. Como uno se puede imaginar, cuando he vuelto la página no sé ni lo que he leído, porque no me he detenido lo suficiente en las frases como para hilarlas y encontrarles significado. Con esas ansias de devorar, salto de página en página y hago equilibrios entre párrafos que me parecen aburridos, intrigada por saber qué pasará en la siguiente página o el siguiente capítulo. Si el libro me interesa demasiado, no habré podido evitar saltar a las últimas líneas para ver como acaba, pero sólo asomándome un poquito a curiosear sin querer saber realmente el final.
No sé cual es la palabra que define ese modo de ser, pero así he venido siendo con todo. Tendía a no vivir el momento anticipando lo que vendría después, el que pasará si…, olvidándome de disfrutar cada segundo de cada día maravilloso de mi atropellada vida. Dicen que así somos las personas creativas, que no nos podemos concentrar en una cosa cada vez, sino que necesitamos meter nuestras narices en todo lo que encontramos, empezar docenas de proyectos, para normalmente…no acabar nada.
El viaje ha hecho que, aún conservando e incluso potenciando mi capacidad creativa, también desarrolle otras zonas interiores que, los que somos del corazón – emocionales, sentimentales, a veces tendemos a dejar de lado: El Compromiso y la Reflexión. Y hablo del viaje no porque fuera gracias a él que he despertado mi inconsciente colectivo, si no a lo que ha pasado durante él, la transformación que he ido sufriendo, y que todavía sufro con animado empeño e ilusión. No me siento una iluminada, pero sí siento que a mi manera he ido reemplazando bombillitas fundidas en mi interior.
Así que en esas estoy, dándole al corazón dosis de compromiso, enfrentándome a las situaciones a las que siempre he tenido miedo, atacando y resolviendo mis problemas de manera directa, usando mi capacidad de organización y lógica, y regresando a la rutina.
Y todo este rollo para ilustrar que he decidido empezar un Máster MBA (Dirección de Empresas), otro de esos sueños que nunca se acaban de cumplir. Este es pelín más serio que viajar por toda Asia, bucear en los mejores sitios del mundo, o volar en helicóptero a Hong Kong. Y ahora que se acerca el momento, tengo un pánico horroroso como no lo he tenido para hacer nada de lo anterior, pero sé que es el momento. Después de la Reflexión…ha llegado el Compromiso. Eso sí, siempre contando con el visto bueno del Corazón.
Y con niños también se puede…
11 may 2009 1 comentario
in viajar
A propósito de los viajes, la semana pasada Josep recibió en Tulamben a una familia de Madrid que está dando la vuelta al mundo. Otra pareja de esas “locas” como nosotros, e incluso ellos un poquito más, ya que nosotros sólo llevábamos mochilas y ellos llevan dos niñas, sus hijas. Afortunadas ellas de poder ver el mundo y disfrutar de tantas experiencias desde tan temprana edad.
Llevan una web del viaje y la podeis ver aquí.
Creciendo
08 may 2009 2 comentarios
in pensamientos, reflexiones, viajar
Viajar tendría que ser una de esas asignaturas obligatorias que imparten los Institutos o las Universidades para abrirnos la mente más antes que después y darnos cuenta de que el estilo de vida que nos enseñan o nos acostumbran a adoptar no es el único, ni seguramente el mejor. Hay personas que se conforman con lo que hay a su alrededor, con lo que han crecido, con lo que le han enseñado. Tampoco conocen otra manera así que no se molestan en buscarla. Los hay que por no querer ver más allá, ni siquiera leen, sin quizás saber que leer te hace a veces viajar a mundos desconocidos y a ser curiosos.
Nos pintan el mundo lleno de guerras, de terror, de enfermedades. Las páginas del ministerio del interior se llenan de avisos en contra de viajar a zonas que ellos consideran peligrosas, creando alarma social.
Nos protegen sobremanera y crean estrategias comerciales que nos hacen gastar dinero innecesariamente, velando por nuestra supuesta seguridad. Nos enseñan y nos hacen aprender cosas que no usaremos jamás, y que habremos recordado sólo durante el tiempo necesario para aprobar el examen.
Vamos a la Universidad, donde por el método de enseñanza volveremos a sorber tragos y tragos de letras o números y horas interminables de charlas o lecturas. Saldremos a la calle dispuestos a comernos el mundo, orgullosos de nuestro título y nuestra preparación.
Trabajaremos durante años, muy entusiásticamente al principio, y con resignación después. Nos quejaremos de nuestro sueldo o del poco reconocimiento, o de lo cansados que estamos y el poco tiempo libre del que disfrutamos.
Y un día, se abre una puerta y entra un poquito de luz. Das un paso más y estás al otro lado del mundo. Compartiendo cosas con gente a la que te han dicho que no te acerques, visitando países a los que no debías ir, caminando por rutas desconocidas, bañándote en ríos perdidos, comiendo en cualquier chiringuito de la calle, con una mochila a cuestas llena de curiosidad e ilusión.
Pasan los meses y desearías haber hecho esto hace tiempo aunque estás feliz por estar viviéndolo ahora. Pierdes tus miedos, inseguridades, complejos y rarezas. Se abre tu corazón al mundo y la mente desconecta, borra, hace limpieza; acomoda un hueco a experiencias y situaciones maravillosas que no se pagan con dinero.
El viaje vuelve a enseñarnos todas aquellas cosas que no aprendimos en las aulas, que nadie nos llegó a enseñar probablemente porque ese alguien nunca estuvo allí. En el mundo. En la vida real. En el intercambio de experiencias y culturas, sin gobiernos ni prensa de por medio que nos nublen la realidad.
Y uno a partir de ahí se siente más libre de decidir que quiere hacer con su vida y se abre un universo de oportunidades enorme que no éramos capaces de ver, nos vemos capaces de hacer cosas que nunca imaginamos y llenos de fuerza para afrontar lo que viene por delante. Sin miedo. Con seguridad.
El mundo está lleno de oportunidades que no llaman a nuestra puerta, pero están ahí. Hay que atreverse a salir a buscarlas. Los éxitos se multiplican y los fracasos se ven como experiencias que ayudan a lograr un mundo casi…..perfecto.
Viajar y encontrar
08 abr 2009 1 comentario
in reflexiones, viajar

Ayer leí la portada de una postal en el supermercado. Decía: “I travelled the whole world only to find myself” (viajé por todo el mundo sólo para encontrarme conmigo mismo).
La verdad es que encontrarme conmigo misma durante este ya largo viaje fue una grata sorpresa. Más bien es que no esperaba ni verme. Tampoco podía encontrarme porque no sabía muy bien quien era, así que aunque me hubiera visto de pasada por la calle ni me hubiera reconocido.
Los viajes te hacen fuerte por dentro, te mueven cosas, te recuerdan cosas. Si hubiera viajado de esta manera a los 20 años probablemente hubiera sido distinto. Habría empleado la mayoría de mi tiempo en divertirme y hacer el ganso. Viajar después de los 30 es diferente. Durante el viaje hay muchos momentos de silencio: esperando en un aeropuerto, en un largo viaje de autobus, viendo una puesta de sol o un amanecer, sentado en un banco en medio de una ciudad nueva viendo pasar gente, mirando al cielo…En cada de esos momentos es como si mi cabecita se activase, y buscase recuerdos, momentos, situciones. Te acuerdas de muchas personas, momentos o situaciones que fueron especiales en tu vida. Las buenas te hacen sonreir y las malas, aprendes a olvidarlas, a perdonarlas, a convertirlas en positivas.
Sé que no todo el mundo es valiente para dejarlo todo en busca de sí mismo. Algunos dirán que no se necesita valentía sino un puntito de locura. Otros pensarán que no necesitan encontrarse, que se ven en el espejo todos los días. Algunos prefieren vivir con ese yo algo tiñoso pero que al fín y al cabo han hecho suyo. Otras personas tienen la tremenda suerte de saber desde muy jovencitos que quieren hacer con su vida, y una vez que lo tienen viven con ello, a veces disfrutándolo intensamente y otras veces no.Hay gente que prefiere no sacrificar su bienestar, algunos sabiendo que no son ni felices. Algunos crecen encontrados, afortunados ellos.
A mí el viaje, aparte de haberme hecho encontrarme conmigo misma ( que me encantó verme después de tanto tiempo), me ha hecho saber lo que NO quiero. Saber decir que no cuando es que no, y rechazar las cosas que me hacen daño. También a disfrutar de la vida y a ser libre. Libre de vivir cada día como yo quiero y con lo que quiero.

