Chino vacilón. Parte II

Así que me digo que de este año no pasa, y me instalo los cedés en el ordenador dispuesta a hacerme una experta. Para variar, vuelvo a empezar con el famoso Ni hao, por eso de empezar desde el principio. Prometo que me lo sé de memoria, y que lo entono como si fuera china mandarina de la misma China. Pues no lo habré repetido veces ni nada.

El proceso se desarrolla de la siguiente manera:

La maquinita te presenta la frase en pinyin. Y  te la lee. Luego un sonido te indica que debes repetirla. Si no te oye, emite un sonido y te dice que hables más fuerte. Si te oye pero no te entiende, también emite un sonido y te lo dice. “No te entiendo”. Todo esto discurre a la velocidad del rayo y es continuo, el chino no para de hablar digas lo que digas. Ni la maquinita de pitar.

A su vez, aparece una especie de electrocardiograma donde se indican los tonos, tanto del chinito que habla desde dentro del ordenador, como los que yo repito. Juro por mis auriculares rosas que las líneas que componen mi histograma son casi idénticas a las del mandarino.

Y así empieza la lucha:

Chinito: Ni haaao

Yo: Ni haaao

Chinito: No-te-entiendo

Chinito: (repitiendo) Ni haaao

Yo: Ni haaao

Chinito: No-te-entiendo

Chinito: Ni haaao

Yo: (por lo bajinis) Maldito chino…

Chinito: No-te-oigo

Chinito: Ni haaao

Yo: Ni haaao

Chinito: No-te-entiendo

Yo: …………… (silencio. Respiración profunda)

Chinito: No-te-oigo

Yo: ……………. (silencio. Respiración más profunda)

Chinito: No te oigo

Yo: (esforzadísima y concentradísima) Ni haaao

Chinito: No-te-entiendo

Yo: (empezando a enrojecer) Joeeeeeeee NIIII HAAAOOOOOOO

Chinito: No-te-entiendo

Yo: (roja perdida ya de los nervios) M-I-E-R-R-R-R-D-A  DE  C-H-I-N-O-O-O-O-O

Chinito: (sin inmutarse) No-te-entiendo

Yo: (parando la reproducción) PUES YO A TI TAM-PO-COOOOOO. CHINO-DE-MIERRRRRRRRRRDAAAAA. (El chino, ni se inmuta. Filosofía oriental)

Resultado de la jornada: Chino 1 – San 0

Me levanto de la silla con un nudo en la garganta de la frustración que llevo encima. Maldito chino.

Así que me voy a Carrefour, y me compro unos auriculares con micrófono. Rosas. Porque pienso que el chino igual no me entiende hablando así directamente a la pantalla. Y de paso, igual le gusto porque con los auriculares parece que llevo pendientes de aro y estoy la mar de mona, a ver si así me pasa alguna. Estoy hasta pensando en guiñarle el ojo a la vez que recito el ni hao…

Llego a casa. Me enchufo. El chinito me saluda como si no hubiera pasado nada.

Chinito: Ni hao

Yo: Ni hao

Chinito: No te escucho

Yo: Ni hao

Chinito: No te entiendo

Yo: A la mierda!!!!

Chinito: No te entiendo

Yo: Pues yo a ti tampoco. Mamón!

Se lo cuento a Pep toda llena de ira, y él se mata de la risa. Dice que probablemente el chino de dentro de mi ordenador sea amigo de la tipa que tengo dentro de la Blackberry. Y claro, ha visto las putaditas que le hago y se está vengando.

Resulta que la Blackberry tiene una tipa dentro que habla muy bien inglés. Lo descubrí la otra noche aburrida dándole a todas las teclas. Esta tipa vive dentro de la opción “Voice Dialing” (llamada por voz), y como no habla español, nunca se entera de a quien quiero llamar. Bueno, no es verdad. Normalmente acierta a la primera, pero yo le vacilo.

Por ejemplo, si quiero llamar a Pep, se desarrolla así nuestra conversación, pero en inglés:

-Aprieto el botón de llamada por voz:

La guiri: Diga un comando

Yo: “Uno”. Da igual lo que diga porque no tengo ningún comando configurado. Es para fastidiar

La guiri: Diga el nombre o el número

Yo: Josep

La guiri: ¿Ha dicho  “Josep”?

Yo: Nouuuuuuu (mentirosa)

La guiri: ¿Ha dicho  “Cinzia”? (que tendrá que ver??)

Yo: Noouuuuuu (me empiezo a reír)

La guiri: ¿Ha dicho  “Roset”?

Yo: Uuiiiiiiiiiii casiiiiiiiiiii

La guiri: Lo siento. No se encuentra.

Y comienzo de nuevo. Y así sigo varias veces, y la guiri se empieza a volver loca y me saca un montón de nombres, casi siempre empezando por Josep, al que digo que no, y continúa con una retahíla que no para. Hasta que en pleno momento de ebullición y cuando me estoy muriendo de la risa y ella ya va por el décimosexto nombre, coge la tipa y después de decirle de nuevo que noooouuuu, en vez de seguir dándome nombres que no son… ¡¡¡va la muy perra y me cuelga!!!. Debe haberse cabreado. Y ha cabreado al chino, claro, que ahora se está vengando.

Así que ya sabéis, no hagáis mal a nadie, que cualquier día se puede volver en vuestra contra.

Chino vacilón. Parte I

No sé si alguna vez he comentado mi interés por el chino mandarín. Me refiero al idioma. De momento, mi interés es más acusado que mis avances, ya que a duras penas he podido pasar del Ni hao (hola).

Mi interés comenzó allá por el 2006 en la isla de Mabul, Malasia-Borneo, donde trabajábamos con el personaje Uncle Chang. Tuvimos un grupito muy majo de chinos-singapurenses con los que nos entretuvimos hablando una noche, y uno de ellos estaba interesado en aprender español, pero no tenía ni idea. Así que decidimos darnos un curso acelerado mutuo. Empezamos con las frases típicas, -“hola”, “como estás”. Hasta ahí bien. Los dos. Después, el chinito quiso que le enseñara a santiguarse en español, así que allá fuimos: “En el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, amén”. El chinito piensa por unos segundos y repite: “En el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo, amén”. A continuación, lo recita en mandarín. Termina. Me mira. Me pongo la mano en la frente. Y me echo a reír. Ya se me ha olvidado. Así que me lo tiene que repetir, y lo tiene que volver a hacer cuando me toco el pecho, después el hombro izquierdo, y una vez más con el derecho.

Cuando he terminado, estoy segura de haberlo olvidado todo de nuevo. Y le toca a él, así que las probabilidades de que me acuerde cuando llegue mi turno otra vez, son nulas. Lo dicho, es su turno, así que yo abro la boca para darle la primera pista, y no hace falta, el jodido chino lo vuelve a decir todo de carretilla. Y hasta se le entiende. Vamos, que no parece chino. Y me toca, y claro, no me acuerdo ni de una palabra.

Y así pasamos un buen rato, hasta que rindo. Me rindo y decido que tengo que aprender chino por narices. A la mañana siguiente, el tío me saluda santiguándose en español, y yo quiero que me trague la tierra, o en ese caso el mar, porque sólo acierto a decir el famoso Ni hao. Para colmo, Ni hao literalmente significa “tú bien”. Si claro, encima. Tú bien.

Yo fatal.

Así que meses después y mientras estamos viviendo en Lembeh, y en una de esas raras escapadas a Singapur me compro un paquete lleno de CDs de chino. Por algún motivo, el paquete se pierde por algún cajón. Así que en otra de esas salidas meses después, me compro un libro. La elección es horrorosamente difícil, porque al principio sólo encuentro libros que tienen los caracteres chinos con su traducción al inglés. Pero…¿cómo demonios voy a saber leer lo que está escrito si está lleno de caracteres raros que nadie me explica como leer??

En fín, compro el libro. Al menos éste lleva Pinyin. Le doy unas cuantas vueltas, pro al poco tiempo, y hasta arriba de trabajo, debe haber ido a parar al mismo cajón de los CDs.

Creo que alguna vez los abrí para repetir mis frases mandarinas más célebres. O sea,  Ni hao. Hasta ahí.

Tu bien, sí.

Yo sigo igual.

Hace poco llegó una caja de Lembeh que nos guardaba un amigo con cosas que no pudimos llevarnos cuando nos fuimos por exceso de kilos. Sorpresa, oh, sorpresa, entre moho y suciedad, aparecen mis cursos de mandarín.

(Continuará…)

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