De boda balinesa
17 dic 2009 5 comentarios
in Bali, boda balinesa, ceremonias balinesas, indonesia, vida en bali
Nieva en mi blog y probablemente en muchos otros sitios por España. En Bali llueve. Y la lluvia aquí no refresca el ambiente, sino que lo calienta. Así tostaditos nos hemos ido hoy de boda, tres años después de la última y en la otra punta de la isla.
Para ésta íbamos más preparados. Con tanto evento constante y teniendo en cuenta que el mismo traje te vale para cualquier ocasión que se denomine “ceremonia”, terminamos adquiriendo el kit completo, cansados ya de pedirlo prestado. Y así todos guapos nos hemos ido de boda. El viaje hasta el pueblo ha sido surrealista total. Por un momento no sabía si estaba en una peli de Paco Martínez Soria o era realidad.
10 de la mañana de un jueves cualquiera. Pep y yo disfrazados de balineses. Un calor pegajoso. Una furgoneta que se cae a pedazos con las marchas en una palanca que sale del lado izquierdo del volante. Las ventanas bajadas. Arrancamos. Se cala. El calor aprieta. Pep mete marcha atrás y salimos. Cogemos carretera, vamos en punto muerto. De la primera pasamos a la cuarta y así vamos hasta el pueblo, por un paisaje desértico a los pies del volcán Agung. Vamos a 30 por hora y somos la sensación del barrio, todo el mundo se gira a mirarnos.
Llegamos a la boda cuando ya se ha ido todo el mundo, o aún no ha venido nadie, una de dos. Porque aquello está desierto. El novio, trabajador del resort, al menos sonríe. La novia o es mudita o muy tímida. Ella no sonríe, ni siquiera para la foto de rigor. Nos hacen firmar el libro de visitas y nos dan un platito para que rellenemos con cacahuetes. Nos alcanzan un refresco y nos sentamos en las sillitas de plástico. Los cuatro. La novia, el novio, Pep y yo. Pasa un perro. Llega otro trabajador. Guau, ésto se anima! Después de cuatro cruces de miradas nos señalan el buffet. Es momento de comer, a pesar de que sólo hace media hora que hemos desayunado a base de patatas fritas, salchichas, bacon y huevos. Pero un día es un día. Así que nos levantamos, nos servimos, y nos mandan para otro lado a comer, como detrás de una cortina. Comemos, nos levantamos. Nos volvemos a sentar en la zona de la recepción. Nos vuelven a mandar para atrás. Nos sacan una cerveza y nos traen a dos balineses para que nos den conversación, así que conversamos. La cerveza está caliente y debajo del toldo donde nos han puesto el calor se multiplica por tres. Pep parece Mr. Camiseta mojada. Está encharcado. Para desencharcarse se toma otra cervecita. Nos miramos y nos tronchamos de risa. A nuestro lado, suena la música a toda pastilla, saliendo de dos mega-altavoces. Pasa otro perro. Nos mira con hambre. Viene el novio. Nos hacemos unas fotos y nuestros acompañantes hacen ademán de marcharse. Hoy es un día ocupado porque es el día de las bodas (los balineses tienen días para todo) y en el barrio hay unas cuantas. Así que ídos nuestros entretenedores se acabó el pastel, que por cierto, no había. Damos las gracias y nos despedimos. Salimos a la carretera y nos da la risa. En estos momentos podríamos salir corriendo con la furgoneta y dar la vuelta a la isla sin parar de reírnos. Pero el deber manda y como dos niños buenos pero algo revoltosos, deshacemos camino y volvemos al resort.
Toda una experiencia.





